Tecnología

Google, Uber y Apple serán dueños del futuro de los autos

En un futuro cercano ya no tendrás que preocuparte por conducir tu auto, simplemente deberás decirle a dónde quieres ir y una inteligencia artificial súper avanzada se encargará de llevarte a tu destino.

Estarás en buenas manos, porque tu vehículo se conectará a una red neural global en la que están enlazados todos los coches a tu alrededor, organizados con extrema precisión para asegurarse de que la circulación sea fluida y sin accidentes, incluso en horas pico.

Desde el momento en que subes, hasta el instante cuando bajas, la estadía dentro del automóvil será placentera y, justo como sucede con lo que tienes en tu teléfono, tendrás una experiencia personalizada; la iluminación, la música —o cualquier otro tipo de entretenimiento—, la configuración de los asientos y hasta el aroma se ajustarán de inmediato a tus gustos.

Pero lo mejor de todo es que no necesitarás pagar una cantidad estratosférica de dinero para tener ese lujo extravagante, gracias a que será un servicio accesible para toda la gente.

Así serán todos tus días de camino a la oficina
Así serán todos tus días de camino a la oficina

Aunque hace una década todavía sonaba a ciencia ficción, ya es una realidad hacia la que se dirige la industria automotriz, ahora que Internet y los dispositivos móviles están fusionándose con cada una de las funciones que tienen los autos. La pregunta no es si sucederá, sino cuándo y cómo, pero sobre todo está el enigma de quién nos llevará hacia ese punto.

Y es que todos los fabricantes están apostando por un futuro híper conectado, tratando de acelerar la transición a motores eléctricos, a conducción autónoma y a servicios inteligentes. Dentro de dicho contexto podría parecer que Tesla Motors, con sus avances tan vanguardistas, será el campeón de la nueva era, el problema es que al menos a simple vista parece estar operando dentro de la misma zona de confort que el resto de las compañías automotrices al crear autos para que sean una posesión, en lugar de un servicio. Lo irónico es que el catalizador del cambio tal vez no sea un creador de autos, sino quien le dé un nuevo propósito a los vehículos.

De la posesión a servicio

¿Cuál es la razón genuina para hacerte de un auto? A pesar de que algunos todavía lo hacen por la emoción de pisar el acelerador, la mayoría conseguimos uno con el propósito específico de simplificar nuestra movilización al trabajo, escuela o cualquier otra parte que involucre muy largas distancias. Existe el transporte público como opción, pero gracias a que cada vez hay más gente en las de por sí complicadas ciudades, se vuelve una experiencia insufrible durante horas pico. El problema de comprar un auto es que te obliga a gastar cantidades exageradas de dinero y a diferencia de las bienes raíces, se deprecia todo el tiempo. Por donde lo veas, es una pérdida:

  • Supongamos que pagaste $10,000 dólares ($170,000 pesos en México) por el coche; en el instante que firmaste el contrato de compra tu vehículo ya perdió 25% de su valor original.
  • Después tienes que considerar el gasto de seguro, tenencia y verificación (si es que estás en México), además del servicio cada 6 meses.
  • Ya en el uso diario debes que pagar gasolina y estacionamiento; es más, hasta el lavado entra en la ecuación.
  • Por último están los imprevistos: accidentes en los que debes pagar el deducible, infracciones de tránsito, robo o los inevitables desperfectos.

Podemos ponerle números o porcentajes a cada aspecto, pero no son necesarios para que se note la proporción de qué tan innecesario es ser dueño de un auto, cuando simplemente podrías rentar uno bajo la modalidad del ridesharing —sea Uber o cualquier otra compañía que preste los mismos servicios—. Porque ¿para qué destinar una parte de tu dinero al mes para la manutención de un auto con todo y los riesgos cuando puedes simplemente pagar por desplazarte según lo necesites? Incluso con la odiada tarifa dinámica, es más sencillo llamar a tu ubicación exacta un coche bajo el modelo ridesharing, dejar que te lleve y olvidarte del estresante tráfico o de tener que encontrar estacionamiento.

Todos queremos un Bugatti Chiron, pero ¿quién puede pagarlo? Con un modelo de servicio esta clase de autos podrían estar más accesibles, aunque seguirían siendo algo muy exclusivo
Todos queremos un Bugatti Chiron, pero ¿quién puede pagarlo? Con un modelo de servicio esta clase de autos podrían estar más accesibles, aunque seguirían siendo algo muy exclusivo

Claro, hay ventajas obvias en la posesión de un auto: que no puedes desplazarte muy largas distancias con completa libertad, que los espacios del interior del coche no están a tu entera disposición o que uno de los asientos —el del chofer— no está disponible. Sobran las justificaciones razonables, sobre todo porque en nuestra actualidad los vehículos siguen diseñándose bajo el esquema de posesión y, por otra parte, que los servicios tipo Uber todavía escasean en cantidad de unidades y en disponibilidad por zona; si estás en un pueblito remoto muy difícilmente encontrarás una unidad que pase a recogerte... dado que primero tendrías que ver si hay señal en un lugar tan alejado de la civilización. Y para quienes acostumbran viajar a otras ciudades durante el fin de semana, el ridesharing ni siquiera es opción, ya que implicaría complicaciones de logística —para este grupo de gente el gasto a largo plazo del auto tal vez no sea una pérdida tan grande—.

A pesar de lo anterior, no es casualidad que en muchas partes del mundo los adolescentes estén más entusiasmados por tener su cuenta de Uber, que por aprender a manejar. Hasta para ellos el uso del ridesharing resulta menos complicado, ya que no necesitan llamar a sus padres para que los recojan de una fiesta, sin olvidar que hay beneficios de seguridad: un joven alcoholizado al que quitas del volante significa un accidente potencial del que ya no hace falta preocuparse. Poco a poco se está dando un cambio cultural con respecto al uso de los coches y aunque los adultos, quienes llevamos mucho tiempo manejando, todavía no hacemos el switch de mentalidad, las nuevas generaciones ya están listas para el inevitable cambio que sufrirán los autos.

Una nueva propuesta de valor

Curiosamente no es la primera vez que el mundo automotriz experimenta una revolución tan radical. Henry Ford reinventó el concepto del automóvil a principios del siglo XX, al democratizarlo en una época en que se trataba de un vehículo exclusivo para la clase rica y privilegiada. Su Model T era barato, sencillo de usar y confiable, además de que su carrocería elevada favorecía la movilidad en un mundo con muy pocos caminos pavimentados —o sea que podía sobrevivir entre piedras y terracería—. Para 1923 parecía que Ford tendría el dominio absoluto de la industria por tiempo indefinido, pues vendía 2 millones de Model T al año, lo que significaba 50% de los autos existentes en esas fechas. La idea demostró ser brillante: tomar algo que en esencia debía ser eficaz, quitarle el lujo y convertirlo en utilidad pura.

El poderoso y revolucionario Model T
El poderoso y revolucionario Model T

Lo que Ford no tomó en cuenta es que eventualmente alguien más iba a reinventar el concepto. Chevrolet introdujo un elemento que volvía a la parte del "lujo", pero sin dejar atrás lo útil de los autos: diferentes modelos y diseños, que se ajustaban la identidad de las personas. La gente ya compraba coches por su utilidad, pero ahora —en ese entonces— lo harían también por su apariencia. El resto del siglo esa tendencia se intensificó, se perfeccionó con la relevancia de las especificaciones técnicas —más velocidad, mayor potencia, mejor gasto de combustible, etcétera— y en lo que llevamos del siglo XXI, se complicó innecesariamente; cada vez es más tardado elegir un buen auto, o al menos uno que se ajuste a tus necesidades.

No importa si es un BMW i8, un Model S de Tesla Motors o un Ford GT, al final todos se rigen bajo el mismo concepto de posesión
No importa si es un BMW i8, un Model S de Tesla Motors o un Ford GT, al final todos se rigen bajo el mismo concepto de posesión

Quienes ya tenemos auto somos víctimas de un contexto del que es muy difícil escapar, porque acostumbramos minimizar los aspectos negativos para centrarnos en las cosas positivas —estas últimas a veces son un intento por justificar los gastos mensuales de tener un coche—. Y para los que son entusiastas del automovilismo, es aún más complicado, pues se sienten atraídos a la presunción de tener maquinaria de alto rendimiento o una carrocería envidiable. Pero aún con todo y la resistencia que seguro pondrán muchos consumidores, el fenómeno del Model T está destinado a repetirse. La mentalidad colectiva ya no se inclina tanto hacia el diseño que enamora, sino a las prestaciones que más convienen. Muy pocos siguen teniendo interés en sentirse bien con la apariencia de su auto y, en su lugar, prefieren pensar en qué tan eficaz es para llevarlos del punto A, al punto B. La ventaja es que la tecnología expandió las posibilidades de los conceptos de Ford y de Chevrolet, así que la dualidad de lujo y utilidad no se pierde, simplemente se transforma para ofrecernos un tipo de experiencia en la que los valores más importantes son la conveniencia y la personalización del viaje.

Un equilibrio perfecto entre servicio y experiencia

En el nuevo panorama de la industria automotriz no serán los fabricantes de autos quienes dicten el rumbo, sino aquellos que puedan darle una nueva utilidad a los vehículos y, de hecho, los responsables de la batuta ya tienen nombre: Apple, Uber y Google —aunque no serán los únicos, claro está—. El papel de Uber, o dígase cualquier servicio de ridesharing, está sobreentendido, pues ya comenzó a transformar el paradigma de transporte personal al usar el smartphone como eje de un fenómeno de demanda agregada: necesitamos autos, así que un servicio los pone a nuestro alcance de manera eficiente y barata. El fenómeno evolucionará a costa de muchos desafíos, pero al final persistirá, pues se ajusta a una necesidad que no desaparecerá dentro de mucho tiempo, o al menos hasta que no cambie la configuración de las ciudades.

Así serán los Uber dentro de 15 años
Así serán los Uber dentro de 15 años

Mientras tanto parece que Google y Apple están muy al margen de la industria automotriz, con sus interfaces que tratan de darle poder a un smartphone en el funcionamiento del auto. Los esfuerzos son interesantes, si bien un poco inútiles, dado que la mayoría de los fabricantes de coches prefieren mantener su ecosistema cerrado —ya sea por proteger la privacidad de sus clientes o porque no quieren que alguien se meta en sus asuntos—. Pero detrás de esa fachada, la cual podríamos considerar un primer intento para acercarse al concepto del auto, hay planes muy evidentes. Por ejemplo, el proyecto de vehículo autónomo de Alphabet tiene como finalidad establecer los mismos términos de Android dentro del ecosistema de los coches: crear una plataforma tan avanzada y completa, que los fabricantes no tengan otra alternativa sino unirse al estándar. La fragmentación de sistemas operativos vehiculares ya es un problema y eso que todavía no hay lineamientos de una red global de servicios a los que deban apegarse.

El caso de Apple es un poco más delicado y, al mismo tiempo, complejo. Todas las señales apuntan a que quiere jugar con las mismas reglas de Tesla Motors —incluso le robó empleados, así como a BMW, Volkswagen y Ford—, pero si ese fuera el caso, ¿qué provecho sacaría de una inversión multimillonaria? Convencer a los Apple fans de comprar un dispositivo móvil es infinitamente más sencillo que seducirlos para comprar un auto, sin mencionar que la fabricación de los vehículos requiere manufactura muy especializada y considerablemente más compleja que la disponible en las plantas de Foxconn. En pocas palabras, estaría muy lejos de conseguir el margen de ganancia que obtiene con los iPhone, así que una vez más la pregunta ¿para qué?

La respuesta no está en el esquema actual del mundo automotriz, sino en lo que viene. Después de todo el talento principal de Apple es analizar cómo opera una industria y encontrar la forma de reinventarla desde una perspectiva que en su momento parecía poco convencional. El iPod tuvo éxito una vez que sus creadores convencieron a la industria musical de que su única expectativa de supervivencia a largo plazo era abrazar el modelo de descargas digitales (de $0.99 dólares por canción). Lo mismo con el iPhone: su popularidad estalló en el instante que Apple convenció a la industria del software de que poner sus productos en una tienda unificada los ayudaría a alcanzar una mayor cantidad de compradores potenciales. Al igual que Google usó los Nexus para ejemplificar las mejores capacidades de Android, Apple podría estar trabajando en un modelo de referencia para que los fabricantes vean cuáles son las posibilidades de un futuro en el que no importa la marca, sino lo personalizable de la experiencia.

El mundo nunca ha visto un auto que se adapte genuinamente a la personalidad de cada persona —por el contrario, hay autos para cada necesidad y cada perfil—. Una cosa es tener la opción de ajustar asientos, cambiar un poco ciertas configuraciones o disponer de diversas modalidades de manejo, pero otra muy diferente que el vehículo responda de manera automática a lo que buscan en ese instante el conductor y los pasajeros. El siguiente paso para la industria automotriz ya no está tanto en sus manos, sino en la de los gigantes tecnológicos que están dándole una nueva identidad y un renovado propósito. Y es que un auto capaz de adaptarse a quien se sube tiene mucho sentido en un mundo en el que el significado de la posesión está perdiendo valor; un mundo en el que las comodidades, la personalización y la conveniencia vuelven obsoletos al rendimiento por kilómetro o la velocidad de aceleración.

Y en un futuro muy radical, hasta podrías cambiar el color del auto en el que vas; ese tipo de caprichos serían el diferenciador entre marcas de autos a elegir cuando pidas un Uber en el futuro ¿cuál te da más opciones de personalización?
Y en un futuro muy radical, hasta podrías cambiar el color del auto en el que vas; ese tipo de caprichos serían el diferenciador entre marcas de autos a elegir cuando pidas un Uber en el futuro ¿cuál te da más opciones de personalización?

Obviamente el auto es apenas una pieza del intrincado rompecabezas. Independientemente de cuánto tarde en llegar la revolución a la industria automotriz, la tecnología seguirá sumergiéndose en cada aspecto de la vida, hasta impactar nuestro comportamiento como sociedad; ya sucedió con los smartphones, siguen los vehículos autónomos y el hogar inteligente.

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