Eiji Tsuburaya, leyenda del género kaiju eiga y pionero del cine japonés

El prodigio de los efectos especiales inventó el concepto de Godzilla y de Ultraman

Para la actual industria del cine, los efectos especiales por computadora se han vuelto más una necesidad que una herramienta ―no hay queja, Pacific Rim es espectacular―. Y no hace falta mucha evidencia, pues casi cada película que sale tiene una pizca de CGI, desde lo saturado de Transformers hasta el intento de lo sutil de The Curious Case of Benjamin Button. Hay quienes incluso dicen que el arte del efecto especial tradicional murió aniquilado por una maquinaria cuyo propósito es hacer billetes.

La realidad tal vez no es tan dramática, pero es un hecho que las maquetas, los disfraces y los juegos de luces tenían algo de magia artesanal. Basta recordar las primeras películas de monstruos gigantes que producía Japón a mediados del siglo XX: verdaderos espectáculos cinematográficos de devastación y ciencia ficción que, al menos en esa época, lucían tan realistas como Avatar. De todas esas producciones fílmicas, Godzilla fue rey y quien lo coronó fue un individuo que se convirtió en leyenda. ¿Su nombre? En este punto sobra decirlo: Eiji Tsuburaya.

Antes de ser uno de los creadores del género kaiju eiga, el Maestro de los Monstruos trabajó como director de escenario para numerosas películas de corte bélico, algunas catalogadas como obras maestras dentro de su contexto ―es decir, sólo a los imperialistas nipones les gustaban―. Pero que las cintas fueran propaganda militar no significa que estuvieran mal hechas, por el contrario, cuenta la leyenda que el perfeccionismo y realismo de las maquetas usadas para The War at Sea from Hawaii to Malaya hicieron que los norteamericanos creyeran que Tsuburaya había sido espía infiltrado en Pearl Harbour durante varios años ―cosa falsa―.

Obviamente cuando Japón perdió la Segunda Guerra Mundial y comenzó la ocupación estadounidense, Tsuburaya tuvo problemas para conseguir trabajo en los estudios de cine, así que decidió apostar por el camino de freelance y crear efectos especiales desde fuera. Dado que su talento no tenía comparación, fue convocado en 1950 por Toho Tokyo Studios para encargarse del proyecto cinematográfico más ambicioso del país del Sol naciente en aquella época: Gojira. La película fue un éxito, nació el concepto kaiju eiga y a partir de entonces, comenzó un movimiento cultural que a la fecha tiene millones de seguidores.

Hoy día las técnicas perfeccionadas por Tsuburaya lucen prehistóricas, pero en la época dorada de la ciencia ficción japonesa eran revolucionarias, en especial el suit-motion, que reemplazó el stop-motion tan idolatrado por dar vida al primer King Kong. Dicho método iba más allá de meter a un hombre en un traje de 50 kilos ―compuesto por hule espuma, resina de bambú y muchísimos cables―, también involucró la destrucción de maquetas extremadamente detalladas, iluminación casi perfecta y filmación de alta velocidad. Lo mejor de todo es que esos efectos especiales evolucionaron hasta engendrar a Ultraman, el último gran proyecto en la trayectoria de Tsuburaya, antes de que él falleciera en 1970.

Así que, dejando claro que Tsuburaya dejó huella en la historia del celuloide, tiene sentido que Google haya dedicado un doodle a su nacimiento y qué mejor forma de rendir tributo a este cineasta de culto que hacernos partícipes de la creación de una película de monstruos.

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